Entremos en un círculo vicioso como cualquier otro. Tu atuendo se sale de la estética, digamos, “normal” (no me voy a meter en lo que es normal y lo que no, porque acabaría muy mal). No te gusta que te miren pero inevitablemente sabes que el artículo 33 dice que tal y como sales te van a comer viva.
Primera ironía, ¿no?
Evitas los ojos de los demás, te vas al último vagón de metro, inmersa en tu música y ajena a todo lo demás. Pero cuando llevan mirándote un tiempo antinatural, hasta el más absorto de los mortales capta ese momento radiografía.
Levantas la mirada y te encuentras con una señora de unos 70 años que ni se inmuta. Medio sonríes, seguramente sean paranoias tuyas, vuelves a lo tuyo más relajada. Por un momento te olvidas pero entonces notas de nuevo esos ojos insistentes.
¿La conoceré? Empiezas a plantearte hipótesis diversas sobre de qué conoces a la susodicha, porque seguro que es eso. No caes. En ese momento la ves mover los labios. Te quitas los cascos para resolver el enigma y entonces la indiganación hace que sea a ti a quien se le salgan los ojos de las órbitas. Tu inocente mente te ha vuelto a jugar una de las suyas.
- A una soñorita como tú, ¿no le da vergüenza ir enseñando las bragas?
- ¿Perdón?
Te quedas en shock un par de segundos, no sabes si ponerte a soltar una serie de improperios o dejarlo pasar. Entonces se abren las puertas y ella se baja toda digna, con la conciencia tranquila por haber hecho la buena obra del día.
Tú te quedas plantada mirando al infinito (insistes en no mirar a nadie directamente) y en ese momento se te ocurren un sin fin de cosas que tenías que haberle dicho tu espontanea estilista profesional , pero ya no sirve de nada.
Siempre vas tarde.
Esto ocurrió hace tiempo ya, pero digamos que el nombre de mi fotolog fue en honor de aquella tarde que llegué a cada más enfadada con el mundo de lo habitual.
Existen más historias similares, como ¿esa dilatación es real?, tienes roto el bajo o una de mis favoritas; vaya pelos. Pero tampoco hay que abusar.
Por cierto que vivan los pantalones caídos.