Aún recuerdo aquella fatídica noche. Tú estabas especialmente tentadora y yo no escuchaba a nadie más. Maldita ceguera, maldita inocencia. Me vendí un puñado de destellos luminosos.
Me llevaste a aquel callejón oscuro para robarme la dignidad, violada y aterrada mi mente no supo reaccionar. Sólo me quedó cerrar los ojos y evadirme de mi cuerpo. Esto no me está pasado a mi, esto sólo le ocurre a otros.
Algo rápido, sucio y ajeno fue lo que calaste en mi piel, mientras yo me quedaba paralizada y aprovechabas para llevarte mi corazón envuelto en un papel, porque no querías mancharte las manos y que la sangre salpicara tu careta.
Como siempre te fuiste por la puerta de atrás, una vez descubierta no puedes ser otra vez la reina de la fiesta. Tenías prisa, en algún lugar cercano te aguardaba otra de tus víctimas ansiosa de tus camelos. Mientras tanto, mi sienes vibraban al ritmo de los escasos latidos que me quedaban.
Infeliz de mi estuve horas entre la inconsciencia voluntaria y la arcada forzada mientras tus dulces palabras envenenadas seguían resonando dentro de mi.
Realidad distorsionada.
Tú siempre estás ahí, siempre que alguien quiera inventarte, siempre seguirás haciendo daño.
Nunca nadie te va a ganar la partida.
Maldita mentira!
Amante infiel, fiel enemiga.
.Mentira.