Aun hoy, en este preciso momento tirada en la cama, intento recordar algo que se me antoja un imposible.
Ni siquiera veo nubes, oscuridad, arrepentimiento o mejillas sonrojadas. NADA. A veces consigo adivinar lágrimas, llamadas de móvil, risas, abrazos demasiado largos, tiradas de manos y miradas desconcertantes que en mi mente no van acompañadas del ron que mató mi mente.
Creía que esa sensación de amnesia post alcolhol sólo era propia de otros y que a mi eso nunca iba a pasarme, pero oh! cuando un domingo cualquiera te despiertas y buscas en tus recuerdos y sólo te visualizas en un cuarto de la noche. ¿Qué mierda pasó? Entonces te temes lo peor, miras en el bolso pero por algún motivo divino todas tus cosas siguen allí. Más tarde te enteras que fue gracias a que te despojaste de todos tus bienes materiales y los dejate a buen recaudo al ver que no eras capaz de sujetarlos.
Mierda, mierda y más mierda ¿Cómo es posible? La frase hoy voy a darlo todo fue demasiado literal y aún ahora mi cuerpo sufre las consecuencias. Recopilando información de amigos que no iban mucho mejor que yo no lo veíamos nada claro, pero ayer vi la luz. Para mi era como si me estuvieran contando la noche de otra persona. Mis ojos como platos no paraban de preguntar… ¿Y seguro que yo estaba allí? y la respuesta siempre era… Sí.
NADA. Pensaba que el oirlo en voz alta me haría dibujar aunque fuera una pequeña silueta pero no. Alcohol, concierto, alcohol y el encuentro con la persona que sufrió mi vuelta a casa es todo lo que tengo. Me gustaría olvidarlo, pero la triste verdad es que no lo recuerdo. Es todo un amasijo de horas invisibles.