Fóllame la mente hasta dejarla seca, hasta quemar el último de los pensamientos, hasta que escueza el vacío, hasta oir los gritos de socorro de la química, hasta que las leyes de la naturaleza pierdan este pulso, hasta que todo sea una gran nada en la que perderse y simplemente vagar en la infinidad de tu perfección.
No hay nadie más.
Sólo tú me lo haces tan bien.