[...]
- Explícamelo luego.
-¿Luego cuándo?
-No sé, cuando tenga sentido supongo.
[...]
[...]
- Explícamelo luego.
-¿Luego cuándo?
-No sé, cuando tenga sentido supongo.
[...]
Cuando parece que la noche ya no da más de si, es cuando las situaciones surrealistas que te persiguen hacen su aparición. Y en noches como la de ayer, se agradecen.
Cuando la compañía se vuelve desagradable y la buena lengua ya no te responde, es mejor saber retirarse a tiempo. Ya no me molesto en ganar batallas que no me interesan.
En estas, con la nariz congelada y una buena amiga, vas en busca del medio de transporte perdido. Mientras se te congelan las ideas las opciones te van dando la espalda, no hay bus, el tren queda donde Cristo perdió el mechero y te puedes imaginar la cola que habrá donde quiera que esté la parada de taxi.
Entonces tu amiga (gracias por ser así!) se acerca a una parejita autóctona para preguntarles cómo ir a alguna parada de taxis. Y aquí, donde se supone que acababa la noche, empieza lo mejor. Los amables lugareños te comentan que va a estar jodido el tema motorizado, pero que ellos tienen un colega taxista que seguro que nos lleva. El dato de que el tipo esté en un bar no es muy alentador, pero tus pies hace tiempo que han dejado de sentir, quizá se fueron con el sentido común…quién sabe. Te dan su número y te dicen que llames de su parte, de parte de TRUJILLO.
Con más frio que miedo, alegremente tu amiga le llama:
- Hola! ¿Estas trabajando?
-Espera que salgo/entro al baño (interferencias consecuencia de la mala comunicación nocturna).
- No te oigo
-¿Ahora mejor?
-Sí, sí, oye que somo CONOCIDAS DE TRUJILLO, era para ver si nos pudes llevar a casa.
- Vale sin problema, id al bar Uker (o algo por el estilo). Llevo camisa blanca. Hasta ahora.
Llegas al bar y hay un montón de gente fuera… entonces entras en un conflito… ¿Qué hago? ¿Voy preguntando aleatoriamente si alguien es taxista?
Cuando te empiezas a plantear si tu cita a ciegas cn el taxista te va a salir rana, ves a Trujillo y a su novia haciendo señales humo y te acercas.
- Ey, soy M. ¿qué tal? es que estaba en el baño – haciendo cosas normales- y no os oía… bueno chicos, ahora vuelvo.
Sus amigos etílicos se despiden ardientemente de él y te encaminas rumbo a lo desconido de la mano del que resultó ser un GRAN personaje.
Llegas al taxi (un Mercedes de cuero a la última, que para más datos le costó 7.5 kilos) y M. empieza a contar historias varias de pasajeros. Alentado por el interés/curosiodad/marujeo de las dos semicongeladas que van detrás te cuenta desde que llevó a una mujer a punto de dar a luz, hasta que dos tias se despelotaron y se dieron el revolcón de su vida donde en ese momento estás sentada.
De mientras le llaman al móvil:
- Cari, ¿dónde estás?
-En 15 minutos estoy de vuelta espérame.
-Precioso, estoy helada, necesito que me des unas friegas.
-Espérame que no tardo nada.
Tú no sabes muy bien dónde meterte, y más cuando te dice que es una “amiga” que se queda en su casa a dormir xq su novio se ha ido ya a casa…
La cosa sigue adelante, y aparecen ladrones de revistas guarras, chicas con la boca muy ocupada en el asiento de atrás (lo cual hace que te muevas de forma intermitente e incómoda), lagartonas interesadas en las tierras del conductor, infartos de miocardio…
Incluso recibes una oferta de compra de casa con jardín, ¡Quién te lo iba a decir!
En una de estas, tu lado -tengo que inmortalizar este momento- puede contigo y no se te ocurre otra cosa que preguntarle si puedes sacar una foto a ese taximetro digital que vive en el retrovisor.
-Claro, sin problema, anda que no se han sacado fotos en este taxi… pero más bien en la parte de atrás… Ahora tú te has convertido en una historia para contar.
Y tú querido M.
Gracias por la vuelta
(:
Me siento infiel cuando me miras.
Me duelen los ojos.
Me llora el corazón.
Me sangra la decencia
Todo pierde intensidad cuando sabes cómo va a terminar. Y es que este final se escribió hace demasiado y apesta. Siento joderte el cuento.
Siempre intentando borrar, ocultar, tapar. No. He dejado la ONG de almas perdidas y me he unido al pelotón de fusilamiento y sólo espero mi turno. Con suerte podré escupirte por última vez, no porque te odie, sino por el simple placer de hacerlo.
Ni lo intentes, ya no te oigo.
Estoy cansasa de que pienses que siempre estaré a tu merced.
Estoy cansada de que si no lo hago te decepcionaré.
Yo acepto tus decisiones y tu deberías hacer lo mismo, pero tu pequeño mundo egocéntrico no funciona así.
Ya es la segunda entrada que te dedico y será la última, ya que no podré mirarte a la cara sin sentir una nausea en lo más profundo de mi integridad, algo que tengo muy presente, a diferencia de ti.
Nunca antes había escrito borracha, pero nunca había estado más segura.
No me harás sentir culpable nunca más.
8.15 am sábado 30 agosto
A esa mente caritativa y esa mano compasiva que recogió uno de mis pedazos materiales perdidos; GRACIAS.
Lo inquietante es… ¿Cómo sabes dónde vivo?
Supongo que son cosas que pasan… o que me pasan a mi…
Aun hoy, en este preciso momento tirada en la cama, intento recordar algo que se me antoja un imposible.
Ni siquiera veo nubes, oscuridad, arrepentimiento o mejillas sonrojadas. NADA. A veces consigo adivinar lágrimas, llamadas de móvil, risas, abrazos demasiado largos, tiradas de manos y miradas desconcertantes que en mi mente no van acompañadas del ron que mató mi mente.
Creía que esa sensación de amnesia post alcolhol sólo era propia de otros y que a mi eso nunca iba a pasarme, pero oh! cuando un domingo cualquiera te despiertas y buscas en tus recuerdos y sólo te visualizas en un cuarto de la noche. ¿Qué mierda pasó? Entonces te temes lo peor, miras en el bolso pero por algún motivo divino todas tus cosas siguen allí. Más tarde te enteras que fue gracias a que te despojaste de todos tus bienes materiales y los dejate a buen recaudo al ver que no eras capaz de sujetarlos.
Mierda, mierda y más mierda ¿Cómo es posible? La frase hoy voy a darlo todo fue demasiado literal y aún ahora mi cuerpo sufre las consecuencias. Recopilando información de amigos que no iban mucho mejor que yo no lo veíamos nada claro, pero ayer vi la luz. Para mi era como si me estuvieran contando la noche de otra persona. Mis ojos como platos no paraban de preguntar… ¿Y seguro que yo estaba allí? y la respuesta siempre era… Sí.
NADA. Pensaba que el oirlo en voz alta me haría dibujar aunque fuera una pequeña silueta pero no. Alcohol, concierto, alcohol y el encuentro con la persona que sufrió mi vuelta a casa es todo lo que tengo. Me gustaría olvidarlo, pero la triste verdad es que no lo recuerdo. Es todo un amasijo de horas invisibles.
Hoy es un día de sirenas y lágrimas. Mientras pienso como describir lo que tengo dentro las lágrimas no dejan de correr por mis mejillas, y escuece más de lo normal, como si la herida fuese mía.
Hoy se ha producido una catástrofe aérea en el aeropuerto de Barajas de Madrid que según fuentes cercanas a la Delegación del Gobierno, se ha cobrado más de un centenar de vidas. Hasta el momento se han rescatado 146 cadáveres. Las demás víctimas se encuentran carbonizadas o los restos diseminados. En el avión de la compañía Spanair viajaban 164 pasajeros y 9 miembros de la tripulación, 2 técnicos, 3 auxiliares y 4 tripulantes de regreso a Las Palmas como extras. Por el momento, 21 personas han sobrevivido al accidente aunque 7 de ellas se encuentran en estado crítico.
Yo no conozco a nadie que fuera en ese vuelo, no tengo nada que ver con Spanair y no me ha rozado ni tan siquiera de forma indirecta. Pero no exagero si digo que por mis venas corren más de 1000 horas de vuelo trabajando más otras tantas de viajes personales. No dejo de pensar en todas y cada una de esas personas, en sus familiares, y sobre todo en la tripulación y esos 4 extras que eligieron un mal día para vovler a casa. Me imagino la desesperación de los técnicos, ese momentos de apostarlo todo para intentar salvar a toda esa gente que asustada espera en cabina que no ocurra lo que a todos se les pasa por la cabeza. A los TCPs intentando controlar la situación y tranqulizar a los pasajeros cuando ellos mismos quieren ponerse a gritar y salir los primeros, pero no pueden.
Por eso a todos esos estúpidos que me gritaron a mi cuando hubo algún retraso por causas técnicas, sólo una cosa, ¿De verdad te montarías en un avión que el comandante no quiere pilotar? ¿De verdad no prefieres esperar LO QUE HAGA FALTA para que lo solucionen? Firma aquí, donde pone que eres subnormal profundo y que desprecias tu vida y sube a bordo.
Hoy es un día negro, para mi ha ocurrido una tragedia. No pensaba que podría afectarme tanto.
Estoy cansada. Cansada de que des por hecho que estoy supeditada a tu forma de pensar y actuar y me tenga que pasar lo que me quede de existencia esperando mirando a la nada con la esperanza de que se convierta en algo.
Es como si el sentido de la vida fuera esperar. Siempre esperar a que algo, a veces con forma definida y otras un borrón desdibujado en la sombra, pase.
Me he cansado de que todo el mundo espere que yo siempre esté ahí, en el momento preciso, perdón, en su momento, porque yo no tengo derecho a tenerlos. Eso no es lo que se espera de mi.
¿Pero sabes qué?, a la mierda la manilla del reloj y la buena conciencia. Que te aguante quien pueda.
Misterio. Mentira. Sudor. Lágrimas. Miradas. Complicidad. Dolor. Mordedura de lenguas. Desviación. Confianza. Desconfianza. Promesas. Conciencia. Relevancia. Estima. Pérdida. Presión. Malestar. Sangre en la boca. Conciencia. Remordimiento. Estómago.
Sólo son palabras, pero dependiendo de cuáles sean las elegidas estás en lo más hondo de la trampa rodeado de la mierda más profunda que tú mismo te has buscado.
Y es la gran verdad de la humanidad, hagas lo que hagas acabarás pringando y cuanto mejores sean tus intenciones la altura de la caída será inversamente proporcional a las manos que intenten sujetarte.
Seguramente no entiendas de qué hablo, pero da igual porque no puedo decírtelo, se lo prometí a alguien que dijo las palabras mágicas antes de acorralarme en el callejón de la espada y la pared y soltarme la bomba de relojería del día.